30 noviembre 2009

"Periodismo" ciudadano



Es de esos neologismos totalmente odiosos. De esas palabras nuevas que nada más nacer, uno espera que pasen a mejor vida. Cuando antes uno veía o vivía algo en primera persona y lo contaba públicamente en los medios, era un testigo. Ahí lo tenías al pobre intentando transmitir con sus palabras lo ocurrido. Hoy, irónicamente, los teléfonos móviles han callado a toda esa gente. Casi todos llevamos encima un aparato capaz de captar fotos y vídeos de una calidad aceptable, que pueden ser compartidos mundialmente con un solo golpe de ratón. El resultado es una red gigantesca en constante expansión hacia el infinito. Y como siempre, la cantidad está reñida con la calidad. Eso sí, el invento ha conseguido revolucionar la estructura de la comunicación. No sólo el acceso a la información se ha democratizado (aparentemente) sino que la propia edición de la misma también lo ha hecho. Hete aquí un arma de doble filo.



Tradicionalmente, el profesional de la información era el periodista. Él era el legitimado para tratarla y la fuente de confianza. Hoy se le llama igual al chalado que abre un blog de lo que sea o al aficionado que cuelga cualquier cosa por ahí en Internet. Tiene narices que hayan sido los propios medios de comunicación tradicionales los que han fomentado esta neonominación, prueba irrefutable de la caída en picado de la reputación de nuestra profesión. ¿Hay acaso abogados ciudadanos? ¿Empresarios ciudadanos? Si le ayudo a alguien con una herida en la calle, ¿soy enfermero ciudadano? Supongo que la peregrina idea deriva del concepto del periodista como un mero tío con una cámara que escribe bien.



En un mundo donde la portera te puede editar el contenido de la enciclopedia de referencia; ¿de quién te puedes fiar? De pocos, por supuesto, ya que la mayoría de lo que hay en Internet es repetición, plagio o simple basura. Otros muchos que se erigen como estrellas polares en el desierto virtual sólo nos conducen hacia sus intereses. Y es que, desengañémonos: la información no es democracia, es poder. Por eso emana de pocas fuentes, aunque discurre por muchas.



La intención de democratizarlo es buena, pero errónea. El ideal de un periodista totalmente libre e independiente es casi una utopía; pero eso no es lo importante. Lo esencial es que cada ciudadano sea capaz de discernir lo que está viendo o leyendo en cada momento. O lo que es lo mismo: formar una ciudadanía crítica. Lograr que sepan que cuando uno ve Antena 3 está viendo las cosas tal como el Grupo Planeta quiere que sean, y que cuando uno lee El Mundo no hace más que leer la visión pedrojotil del mismo. Conseguir que sean buenos receptores, no necesariamente buenos emisores. Ese es el reto.



Periodismo ciudadano’, valiente término.


22 noviembre 2009

Adiós a la revista 'ZERO'




La noticia se publicó este jueves en los medios generalistas, si bien ya el día anterior se había colado en algunos blogs especializados y llevaba gestándose bastante tiempo en la mente de los lectores. La revista ZERO desaparece como tal. Confieso que, aunque me lo temía, el anuncio oficial me ha entristecido. Perdemos con ella el medio de comunicación LGTB más importante de España, pionero en la visibilidad de la comunidad lésbica, gay, transgénero y bisexual. ‘La primera revista gay en español’ tal como rezaba el eslogan de su canto.

Sin duda, ZERO ha desempeñado un papel fundamental en el movimiento LGTB de este país, y por ende, en el creciente conocimiento por parte del resto de la sociedad española que se ha ido materializando en la progresiva consecución de nuestros derechos. Cuando ningún otro medio español se atrevía a tratar la homosexualidad de lleno, ZERO lo hizo. Mostró a toda España que las lesbianas y los gays tenemos cara, cuerpo e ideas, que no somos una masa anónima y silenciosa diluida en la sociedad –como a muchos les gustaría-. Ofreció con ello un referente a todas esas personas (adolescentes o no) en proceso de asumir su condición sexual. José Mantero, Carla Antonelli, Jesús Vázquez, Eduardo Mendicutti, Nacho Duato, Boti García Rodrigo, Boris Izaguirre, Leopoldo Alas, Miss Shangay Lily, Juan Adriansens, Fernando Olmeda, Vicente Molina Foix, Pedro Zerolo, Empar Pineda, Fernando Grande-Marlaska… todos los grandes y pequeños componentes del movimiento LGTB han pasado por sus páginas a lo largo de 119 números (en breve saldrá un último, el 120).

Durante esta semana he escuchado y leído todo tipo de críticas hacia la revista, la mayoría de ellas del todo vacías. Unos dicen que prácticamente era un catálogo de productos para gays. Es más, muchos aseguran que este hecho anula su supuesta función como elemento de activismo. Yo digo que no. Resulta que vivimos en un mundo capitalista, y cualquier propuesta que desee prosperar en ese orden ha de adaptarse a él. Y eso fue exactamente lo que hizo ZERO, demostrando que la comunidad LGTB es una fuente de riqueza importante, lo que ha resultado ser un aspecto clave para llegar a donde hoy estamos. La alternativa era perpetuar ese carácter marginal que durante tantos años negros nos acompañó y que ahora se les ha olvidado a demasiados. A quienes critican su carácter comercial, les recomiendo que abran cualquier revista de estilo de vida (GQ, Esquire, Men’s Health…) y entonces opinen. ZERO fue a un medio lo que Chueca a un barrio, esto es: el paso del negro al rosa en pocos años.

También se dice que ZERO sólo promovió el estereotipo gay, a pesar de que en su páginas se trató desde la situación de los gays en países árabes o en los pueblos de la España profunda hasta el movimiento bear o la incidencia de las ETS. Otros, demasiado optimistas, dicen que ya no hace falta una revista para homosexuales. En el ámbito social, todavía hace mucha falta; en el editorial, hace la misma falta que una revista para embarazadas o una para pescadores amateur (que las hay).

Algunos se han sorprendido de mi defensa de esta revista. Cierto es que la calidad de sus contenidos había decaído, y sinceramente, me la soplan la gestión y las rencillas internas. Como periodista y como lector me importan un comino, como han de importarle al resto. Me interesa la revista como tal, no como un patio de vecinas. Comprar o leer ZERO en público llegó a ser un ejercicio de autoafirmación. ¿Cuántos medios pueden presumir de algo semejante?

Tuve el placer y el privilegio de colaborar para ZERO, la última vez en febrero de este año con un reportaje que ocupó la portada que ilustra este post. Ahora, el futuro de la publicación se plantea en Internet, mientras la imparable invasión de portadas con el careto de Belén Esteban en los quioscos habla por sí sola del nivel cultural de nuestro querido país.

17 noviembre 2009

Nuevo (bu) riquismo




Hoy les propongo que hagan conmigo un pequeño ejercicio de memoria, que bien podrá ser histórica en un futuro no muy lejano. El rápido desarrollo económico que España vivió durante la era Aznar dio origen a toda una clase social hasta entonces no muy extendida por estos lares: los nuevos ricos. Un buen puñado de personas de clase media (¿?) que, principalmente a la luz del ladrillazo, vieron en el derecho constitucional a la vivienda un gran negocio con el que hacerse millonario en dos días y sin necesidad de ser muy espabilado. La cultura de la ostentación se extendió como un cáncer por este país, y los chalets brotaron como setas, junto a cochazos, yates y otros bienes de lujo para gente que jamás supo lo que era el lujo (ni el gusto).

Paralelamente a esta suma de horteradas, nació en el pensamiento de cierta masa algo triste e inusitado. Hasta la época, los servicios públicos de este país tenían una reputación tirando a buena en la mayoría de casos, y ejemplar en otros como el sistema de Seguridad Social. Pero el nuevoriquismo echó por tierra todo ello al despreciar lo público para ir colocando a lo privado en el pedestal dorado que requerían los tiempos. Hoy, las empleadas de hogar tienen empleadas de hogar ('chachas' en nuevoriquismo) y parece que quien no tiene una mutua es un paria. ¿La política ha alentado o sólo ha reflejado este fenómeno? Buena pregunta.

La pujanza de España nos hizo pasar de ser un país emisor a ser un país receptor en poco tiempo. Las listas de alumnos de las escuelas públicas se engrosaron con apellidos hasta entonces desconocidos, y los rasgos exóticos se nos hicieron familiares en los ambulatorios y hospitales. Los nuevos ricos vieron en todos ellos a gente cutre con quien no era cómodo compartir espacios. Sintieron una invasión y emprendieron otra, la de los lugares y estilos hasta entonces reservados para la clase alta (¿?). Una clase que les miraba exactamente con el mismo desprecio que ellos a los inmigrantes y otros no miembros del club del pelotazo. La política y el consumo se hicieron eco de la tendencia: concesionarios, inmobiliarias, tiendas multimarca, banca, seguros, centros privados, microsegmetación de productos en aras de una supuesta exclusividad… ¿les suena? Nacía la moda de las escuelas concertadas, que a día de hoy siguen creciendo con especial virulencia en las comunidades gobernadas por quienes ustedes y yo ya sabemos. En Madrid, por ejemplo, superan ya a las escuelas públicas.

Y es que ya todos nos conocemos la canción de 'en un centro privado lo hacen mejor'. Sí sí, pero en cuanto se presenten complicaciones ya sabemos a quién van a recurrir. Para que luego nieguen que no hacía falta una crisis que nos devolviese a la Tierra.

09 noviembre 2009

Comunismo hoy




El comunismo celebra esta semana dos grandes efemérides en su haber, a saber: el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y de la muerte de ‘Pasionaria’, ambos sucesos ocurridos en noviembre de 1989. Sobre el primero han corrido ríos de tinta y horas audiovisuales durante estas últimas semanas. Sobre la segunda, no tanto. Y es que a esta sociedad machista le basta un dedo para tapar el sol de décadas de lucha por la igualdad de las mujeres.

En cualquier caso, ambos acontecimientos hablan de un fin. Es más, hablan de que hace mucho tiempo que ya ocurrió ese fin (si bien los frutos de la lucha de Dolores Ibárruri siguen tan vigentes como el primer día), por no mencionar el triste vigésimo aniversario también este año de la masacre de la Plaza de Tian’anmen. Momento propicio, pues, para analizar la situación del comunismo en el mundo de 2009, año que ve acontecer la mayor crisis del capitalismo en ochenta años. Mientras Hugo Chávez se erige como uno de los líderes más siniestros del planeta y Cuba ve poco a poco la luz al final del túnel, Corea del Norte sigue sumida en la dictadura, Vietnam y Laos en la improductividad, los afrocomunismos han resultado un caos y China se perfila como la próxima superpotencia mundial con un capitalismo de facto. Con este panorama, es obvio que, hoy por hoy, el comunismo no es una alternativa factible a la actual crisis del capitalismo. Al menos no en términos totales.

El PCE (Partido Comunista de España) ha celebrado estos días su XVIII congreso, en el que su comité federal ha elegido a José Luis Centella como secretario general. Aunque con cara nueva, parece que el partido no es capaz de ir más allá de los conflictos internos desde hace demasiado tiempo. El PCE es la viva muestra de la inoperancia en que, por desgracia, ha caído este sector de la izquierda. Sin embargo, no todo está perdido ni sumido en la nostalgia.

En España, el socialismo ha descartado responder a la actual crisis con medidas de izquierdas; al contrario, ha optado por aplicar algunos de los criterios de derechas que nos han llevado a donde hoy nos encontramos. Por tanto, no estamos, como algunos dicen, ante una revisión o refundación del modelo capitalista, sino ante (otra) revalidación del mismo. Y con ello, la izquierda española –junto a la del resto de Europa- está dejando pasar una gran oportunidad. No es capaz de mirar más allá de sus narices.

Iberoamérica es clave, pero ha sido tan ignorada por Europa que incluso en momentos como éste, en que necesitamos nuevos planteamientos para formular soluciones reales, no se considera un ejemplo pese a políticas socialistas tan exitosas como la de 'Lula' da Silva en Brasil. ¿Qué más nos hace falta para reaccionar?

Como ya hemos comentado otras veces, la crisis ha instaurado entre la población española el terrible sálvese quien pueda fruto de la dictadura del miedo. He ahí la gran oportunidad para la izquierda encarnada en un reto: allanar el camino a la solidaridad en el momento más insolidario; hacer ver que la colectividad es una salida justo cuando somos más egoístas que nunca. Pero ambos conceptos (solidaridad y colectividad) tienen que ver con la ideología, concepto cadáver para una sociedad cada vez con menos valores. ¿Es entonces esta titánica tarea de resurrección asumible por nuestra izquierda? Todo es cuestión de darle, ahora sí, la oportunidad que merece.

03 noviembre 2009

Liderar en tiempos revueltos





Los ciudadanos hablan. Los ciudadanos gritan. Los ciudadanos hierven enfurecidos. Los ciudadanos piden (exigen) hoy más que nunca una respuesta a sus problemas particulares. Repiten hasta la saciedad “el paro no deja de crecer, y yo no llego a fin de mes. ¡Vaya mierda de presidente!” . La furia no les permite ver más allá y deja el terreno bien abonado para que florezca el egoísmo. Es ahí donde entramos en terreno pantanoso.

Hablar de política es hablar de liderazgo. En el análisis organizacional hay, esencialmente, dos tipos de liderazgo: el transaccional y el transformacional, según una reputada teoría formulada en 1978. Bien se podría analizar a nuestros políticos (pretéritos y presentes) según esta dicotomía. El liderazgo transaccional es seguramente el más común; es el ejercido en base a la resolución de los problemas cotidianos. Sus resultados suelen verse a corto plazo, y por eso en política es una vía perfecta para ejercer el populismo. El liderazgo transformacional, por el contrario, es una carrera de fondo. Más que en resolver los problemas inmediatos según van surgiendo, consiste en analizar las causas de dichos problemas para iniciar una transformación en profundidad que prepare a la organización (o sociedad en este caso) para encarar futuros retos con éxito. Persigue, en última instancia, una madurez, una evolución, un cambio verdadero en la colectividad.

En España hemos tenido políticos que han encarnado ambos patrones de liderazgo. Felipe González y José María Aznar fueron líderes principalmente transformacionales, cada uno a su manera. Adolfo Suárez lo fue transaccional, lo cual demuestra que ningún patrón de liderazgo es en sí mejor que otro, simplemente hay uno más adecuado para cada contexto. He aquí el quid de la cuestión. Los tiempos que corren hoy claman por un liderazgo transformacional, pero nuestros líderes no están a la altura. Mariano Rajoy está a años luz de ser un líder de ninguna clase. José Luis Rodríguez Zapatero está a punto de ser un líder transformacional, si bien últimamente ha incurrido más en lo transaccional (lo que, dadas las circunstancias, la mayoría percibe como improvisación) para capear el temporal. Pero el pueblo le reclama soluciones, y soluciones inmediatas. Una síntesis de ambos tipos de liderazgo origina el llamado modelo de liderazgo de rango completo (o FRL, en sus siglas en inglés Full Range Leadership), lo cual es casi un imposible en política.

La crisis que hoy vivimos ha de ser afrontada desde la óptica de un cambio estructural; esto es, el patrón de liderazgo más idóneo hoy es el transformacional. Esta perspectiva conlleva un cambio de prioridades en los ciudadanos. Requiere dejar de lado los intereses meramente particulares para realizarse de manera individual a través de la consecución de un objetivo grupal. Abogar por el interés colectivo como verdadera solución. Es algo tan antiguo como el concepto filosófico de Bien Común.

La pregunta es: ¿queremos salir de la crisis o quiero salir de la crisis?

29 octubre 2009

Are we human?





Que todos consumimos menos (y mejor) con la crisis es un hecho. Un hecho que no le gusta un pelo a la mayoría de las empresas, ya sean de automóviles o de azulejos, por lo que las más espabiladas se han puesto manos a la obra para ganar consumidores sin que ello implique necesariamente invertir más en publicidad. Todas ellas han encontrado en Internet su gran medio aliado. La actual crisis económica coincide con el auge de las redes sociales, cuya expansión y poder parece no tener fin. Son el gran pastel del que todos quieren comer y parte esencial de casi cualquier campaña. Permiten llegar de forma rápida y muy precisa al deseado target gracias a la microsegmentación, que parece ser la madre de todos los bienes en la Publicidad actual. Y vaya si lo es. Ahí tenéis a millones de internautas rellenado cuestionarios chorras y utilizando aplicaciones que no son sino las mayores grietas de seguridad de estas redes y un boyante negocio de datos personales. Pero en esto no han inventado nada nuevo.

Los populares e-mails en cadena que nos alertan sobre supuestos peligros llevan haciendo lo mismo bastantes años, sólo que a la inversa; es decir, el origen de estos bulos y leyendas urbanas (hoaxes en voz inglesa) que pueblan nuestros inbox suele tener un origen hacker, clandestino, frente al carácter corporativo de las nuevas aplicaciones. Una vez más, los profesionales han aprendido de los aficionados.

Como ya imaginan ustedes, es tremendamente fácil crear un bulo de estos y hacerlo correr. Basta con aludir al morbo o a peligros latentes, con frecuencia relacionados con la salud. ¿Quién no ha leído sobre los orines de rata en las latas de Coca-Cola? Ese bulo consiguió que muchos que hasta entonces no limpiábamos el borde de las latas de refrescos antes de beberlos empezásemos a hacerlo. En otros casos, el correo se hace pasar por oficial con bastante éxito. Así, por ejemplo, Mercadona tuvo que desmentir a finales de 2006 que regalase vales de cien euros por el mero hecho de reenviar e-mails que incluían su teléfono y membrete. El asunto fue recogido por algunos diarios.


Pues bien, las empresas no se han limitado a defenderse de estos esporádicos ataques que suelen reavivarse a oleadas. Ahora atacan directamente. El spam ha crecido una barbaridad con la crisis, hasta el punto de constituir el 59% del correo electrónico con origen y destino en España. Y hasta un 93% de los e-mails que circulan en este país es basura. La mayoría procede, ojo, de agencias de publicidad legales.


Además, la comunicación empresarial ya no se conforma con adaptarse a la realidad, sino que manipula ésta a sus necesidades ad hoc. El último ejemplo, la dilatadísima campaña orquestada por Hollywood con motivo del estreno de la película 2012. Algunos ya creen que, tal como dicta el calendario maya, ese año llegará el fin del mundo. Yo apostillo: si gana Rajoy, desde luego. El caso de Ausonia apoyando la lucha contra el cáncer de mama es otro ejemplo reciente, en la línea de la RSC que ya comentamos. La campaña se ha colado en Facebook y ahí podemos ver a miles de personas poniéndose un pañuelo rosa en sus fotos de perfil tan felices. La viralidad es un must en la web 2.0, 2.1 o como quieran llamarla.

Con todo, podemos asegurar que la comunicación corporativa vive, pese a la crisis, un momento realmente dulce. Hemos integrado la Publicidad como tal en nuestras vidas, asociamos nuestras experiencias y las causas benéficas de este mundo a grandes empresas, las mentiras de sus campañas condicionan nuestros miedos, sus promesas condicionan nuestros sueños, clasificamos a nuestros iguales según los logotipos de su ropa, hemos pasado de ser personas a ser clientes o usuarios, llamamos a los estadios y teatros con el nombre de marcas de helados o de seguros…

¿Ha dejado este mundo de pertenecer a las personas?

25 octubre 2009

Chorizo español




Sólo un sentimiento puede describir mi estado de ánimo frente a lo que hoy ocurre en España: pena. Ya todos estamos concienciados sobre la crisis económica y con la mente puesta en esa recuperación que se anuncia tardía. Antes o después, sabemos que esa crisis la superaremos. Más acuciante y más preocupante es otra, que constituye el verdadero germen de ésta.

A estas alturas, lo terrible ha pasado a ser lo cotidiano. Nos hemos acostumbrado a ver cómo aquellos que se proclaman como la panacea a nuestros problemas, con esas caras de chorizos requemados por rayos UVA adornados con Louis Vuitton, se paseen por los medios serios como una subespecie autóctona. Así, sonrientes, autocomplacientes, rimbombantes, practicantes y pedantes, aún osan criticar. No les es suficiente con tramar redes clandestinas para sacar tajada, sino que además pretenden que el pueblo, el que les eligió y el que no, se trague sus mentiras. No es por casualidad que el esperpento naciese en Madrid.

Ni ellos mismos saben cómo salir de ésta, pero esperan que el tiempo todo lo cure. Es ahí donde entramos todos. No podemos evitar que nos roben, pero sí podemos evitar que nos insulten. No toleramos que nos tomen el pelo con declaraciones como Volvería a celebrar la boda de mi hija igual (Ana Botella) o “La Gürtel perjudicará a Zapatero(Francisco Camps). Señores: regodearse en el robo es pasarse tres pueblos. En política, no es el tiempo el que pone a cada uno en su lugar; somos nosotros, los ciudadanos de a pie, esos que les pusieron donde están y de cuyos bolsillos salió todo. Ya sabemos que metieron nuestra confianza en sus maletines de piel atiborrados de pasta, y es que no hay peor ladrón que el de guante blanco. Pero ya basta de contemplarles. Es momento de superar esa pena y actuar. Duro. Y ahora.


P.D: Sí, la imagen es tan apetitosa inicialmente como indigesta al final. Como la vida misma, ¿no, Camps?

18 octubre 2009

Mujer contra mujer




Una vez más, la derecha más rancia y recalcitrante ha tomado las calles. Ya sabemos que en las dos últimas legislaturas, los conservadores le han cogido gustillo a eso que siempre habían hecho los progres.


Unas 265.000 personas, según estimaciones del diario El País (que descienden a 55.316 según una empresa especializada contratada por la agencia EFE y ascienden hasta los delirantes 1,2 millones según la Comunidad de Madrid), salieron ayer sábado a manifestarse en Madrid contra la actual reforma de la ley del aborto bajo el lema Cada vida importa. Por supuesto, la manifestación contó con el apoyo de todos los medios de comunicación de derechas de este país (desde ABC, Intereconomía o la Cope hasta Tele-Espe). Y, cómo no, con insignes miembros del Partido Popular, codo a codo con los obispos. A José Mª Aznar se le olvidó que él mismo descartó reformar una ley contra la que ahora se manifiesta; seguramente no tuvo tiempo de hacerlo en sus ocho años de mandato. Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal decidieron pasar un sábado diferente y darse un baño de multitudes ajenas a Gürtel para variar. Y he aquí lo que más me horroriza.


Mujeres en contra de mujeres. Políticas con poder que marchan orgullosas contra el derecho de sus congéneres, mujeres anónimas, de decidir sobre sus cuerpos y sobre sus vidas. Mujeres que apoyan a quienes hasta hace no mucho tiempo negaban que ellas tuviesen alma, por decreto divino. Mujeres que intentan perpetuar un modelo de sociedad y de pensamiento totalmente machista. Mujeres patriarcales. Mujeres que se codean con los que las han relegado al olvido histórico desde hace más de dos mil años. Mujeres encantadas de defender un recorte de derechos. Mujeres que favorecen la intromisión de la Iglesia en asuntos políticos. Mujeres que defienden vidas apoyando guerras y genocidios. Mujeres que alardean de retroceder siglos. Mujeres que apoyan, en palabras tomadas de Shangay Lily (activista a quien admiro) a "la derecha [...]empeñada en privatizar lo público (sanidad, enseñanza) y hacer público lo privado (embarazo)".


En tres palabras: mujer contra mujer.

13 octubre 2009

Abuso de poder




He aquí la carta que hoy he mandado a la sección de 'cartas al director' y a la defensora del lector del diario La Vanguardia:


Esta mañana, cuando yo estaba en mi puesto de trabajo como dependiente de una tienda en Paseo de Gracia, atendí a una señora. La clienta solicitaba hacer un cambio de una prenda con un ticket emitido el 2 de septiembre, el cual indica con claridad que el plazo máximo para cambios es de quince días naturales. Se había pasado casi un mes. Al negarme a hacerle tal cambio, me espetó que acudiría al servicio de atención al consumidor y me amenazó con publicar el asunto en la prensa. Se identificó como una periodista de La Vanguardia. “No te preocupes, que vais a salir” me dijo con sarcasmo justo antes de irse.

Resulta que, aunque de momento trabaje en una tienda, yo también soy periodista. Jamás me enseñaron en la facultad que tal puesto servía para abusar de poder en la vida cotidiana. ¿Es éste el servicio a la comunidad que debe prestar el Periodismo? ¿Puede un periodista saltarse las normas que quiera sabiendo que trabaja para el cuarto poder?


Lamentablemente, no tengo el nombre de la supuesta periodista. Pero sí una rápida y cordial respuesta de la ombuds(wo)man de La Vanguardia, Margarita Soler, a quien quedo muy agradecido. Poco más se puede hacer, salvo preguntarnos:


¿es la económica la única crisis que sufre el actual Periodismo?

12 octubre 2009

Revisitando Barcelona




Últimamente parece que se ha puesto muy de moda decir que Barcelona ha pasado de moda. La capital catalana ha sido durante las últimas décadas un referente de diseño, cosmopolitismo, vanguardia, modernización y todos esos conceptos que a ustedes y a mí se nos vienen a la cabeza al hablar de tan bella ciudad. Pero parece que la cosa de deshincha, o al menos eso se percibe. Yo digo siempre que lo malo de estar de moda es que pasas de moda.

Es curioso ver cómo a veces la opinión pública fluctúa en dirección opuesta a los datos objetivos. Se sabe que la Ciudad Condal, en términos generales, sobrelleva la crisis de mejor manera que Madrid. Así, por ejemplo, la capital madrileña registra más paro, menos inversión por ciudadano y menos peso de las exportaciones que la catalana. Pero también es verdad que Madrid ha logrado lavarse la cara en un tiempo récord, en parte a costa de estar en obras permanentemente. Y es que a los españoles nos ponen tres rascacielos, esos que simbolizan que de la especulación no se libra ni Dios, y ya estamos contentos.

Barcelona y cosmopolitismo han sido conceptos tan unidos que nos hemos tragado como binomio indisoluble lo que no es más que un lugar común. Cierto es que, caminando por su calles, uno se siente viviendo en un crisol de civilizaciones. Pero ojo, es sólo un espejismo, provocado en gran medida por el turismo que, eso sí, la ha colocado entre los primeros puestos de destinos city break del mundo. Aquí, unos y otros vivimos juntos pero no revueltos. El sistema está cerrado y cada uno en su lugar. Tampoco se puede vender una ciudad como moderna con las rentas de un evento ocurrido hace diecisiete años. Los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 estuvieron muy bien, pero ya quedan lejos. Dicen que sólo un necio no se recupera jamás de un éxito. Al respecto, les recomiendo encarecidamente esta entrevista y, de paso, el libro que la misma promociona. El crítico es precisamente un catalán.

Para terminar de echar por tierra ese supuesto cosmopolitismo, aquí cada día se palpa una actitud más provinciana. Sin ánimo de entrar en mayores polémicas interminables, creo que la forzada política lingüística de la Generalitat da la razón a aquellos que dicen que el castellano está ignorado –siempre en términos administrativos y no en la calle- en esta comunidad. Hoy, 12 de octubre, mientras el resto de España, Latinoamérica e incluso Estados Unidos están celebrando el día, en Cataluña es un festivo negociable. Un servidor, por ejemplo, trabaja. Ídem para el día de la Constitución Española, esa precisamente que permite a Cataluña ser lo que es. El último capítulo bochornoso lo protagonizaron algunos (y juego a conciencia con la ambigüedad de la palabra) catalanes que se alegraron al saber el pasado día 2 que Madrid no albergará los JJ.OO. de 2016, y eso que Barcelona hubiera sido subsede. No en vano, el independentismo catalán ha subido seis puntos desde 2005.


Conste que hago esta crítica desde el más profundo respeto y amor que tengo hacia la ciudad que elegí para vivir, porque sé que quien tuvo, retuvo, pero también sé que los laureles secos ya no hacen nada por Barcelona. Cataluña necesita atraer, no repeler, y Barcelona necesita relanzar su imagen. Es hora de superar el pasado, tanto el bueno (que la hace regodearse sin más en lo mismo hasta el infinito) como el malo (que aún hoy provoca un sentimiento de resquemor). Es hora de dejar 1939 en 1939, 1992 en 1992 y mirar hacia el futuro. Barcelona puede con eso y con mucho más. Endavant!